Pasé el viernes sola en la casa que mis padres tienen en el campo; había decidido no salir y ellos habían ido de cena. Yo tenía uno de esos días metafísicos en que me da por cuestionarme, quizás, demasiadas cosas; pero eso no viene al caso (no, no era síndrome premenstrual)
Se desató una tormenta eléctrica y empecé a sentir mucho miedo.
Abracé con fuerza un cojín y deseé dormirme lo antes posible, pero ni mis pensamientos, ni el sonido de los árboles me dejaban en paz.
Oí que algo rozaba las cortinas de la puerta, y sentí aún más miedo… convencida de que iba a llevarme el susto de mi vida, encendí la luz del porche y abrí la puerta con los ojos medio cerrados:
- Aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhh!!!!
Y oí entonces un maullido espelucnante.
- ¡¡¡Tú también me has asustado a mí!!! ¿sabes?. ¡¡¡Lárgate, gato idiota… y no vuelvas más por aquí!!!
Aún con el corazón en un puño entré en casa de nuevo, y volví a acurrucarme y a abrazar el cojín. Pero regresó…
Allí estaba, sentado justo delante de la puerta, con la cabecita inclinada hacia un lado, como diciéndome…
- Venga tía, déjame pasar, que yo también estoy cagao…
Vamos, que el jodío me ganó con una mirada (ayyyyyy, cuántas veces me habrá pasado esto) me inspiró ternura y le dejé pasar.
La noche no prometía una alternativa mejor, y si se diera el caso de que un Hannibal Lexter, la niña del exorcista o un O.V.N.I decidieran (juntos o por separado) venir a hacerme algo, siempre me quedaría la opción de gritarle eso de…. ¡¡¡ATACA GATO!!! y echar a correr…
Y allí estabamos, el gato, una tormenta de la leche y yo.
Como si del buen ron se tratase, a la tercera o cuarta loncha de jamón york que compartimos, ya éramos colegas; yo le había contado media vida, le había pedido consejo, (sí, ya sé que es un gatoooooo) él se había dejado acariciar el lomo en dos ocasiones y nuestro miedo y mis noias se esfumaron.
Llegaron mis padres y echaron al gato inmediatamente al verle en el sofá (no quiero ni pensar qué habrían hecho, si en vez de un gato, hubiera sido un hombretón).
Al día siguiente, fui a ver si andaba por allí, y nada. Pero regresó a media tarde y también el domingo.
Hablando con mi madre por teléfono, me cuenta que va todos los días (no sé si por el jamón york, o porque de alguna manera me echa de menos) que ya casi es uno más de la familia (ya veremos lo que tardan en desheredarme por completo a favor del gato…)
Así que súper happy, llevo todo el rato pensando en ponerle un nombre, por si se queda, (que creo yo que dura en casa hasta que aparezca una gatita en celo…)
¿Qué tal Thor? Por aquello de la tormenta en la que nos conocimos… Se admiten (ruegan) sugerencias.
21 me contaron que... »