El señor de bigote y gafas de culo de botella de la agencia tributaria, me ha explicado que, si le resto a los cuatro eurillos que gané el año pasado brutos, la base deducible aplicable a la cuota íntegra resultante de la parte general de la renta y teniendo en cuenta el inexistente beneficio inmobiliario generado en 2006, y le aplicamos además, el tipo medio estatal junto con la suma de las deducciones que previamente le hemos aplicado al resultante de la cuota incrementada y lo dividimos por la base líquida, sólida y gaseosa elevada a la enésima potencia y le restamos la parte proporcional que me toca pagar del pienso de la cabra de la legión… obtenemos un total de mil cuatrocientos sesenta y cuatro con treinta y tres eurazos a mi favor, que irán destinados a sufragar los gastos de unas pedazo de vacaciones en agosto a Tombuctú, por ejemplo.

Escuchando: Ain’t got no money. Nina Simone
Nadie sabe que fue aquello
y por eso conocemos el secreto de estar juntos,
a pesar de tanto tiempo, tanta fiesta y borrachera
desde que éramos pequeños.
Y acabar muertos de risa, en algún bar del casco viejo.
Hay algunos que se fueron, pero pronto volverán,
La ventaja de ser tantos,
es que siempre hay alguien más.
No te quedas nunca sólo, siempre hay con quien compartir
la cerveza, el kalimocho y las ganas de salir…
Ellos son, en verdad, lo mejor que hay en mí,
porque fueron y son, lo que soy. Y lo que fui.
En los libros que leímos
y en las clases que no fuimos
no enseñaban lo importante
solamente lo divino
a probarlo sin entenderlo
y a entenderlo sin probar.
Junto a ellas descubrirlo
y llamar para contarlo.
Quedan años por delante
quedan noches por detrás.
Recordar lo que ha pasado,
y no saber que pasará…
Si habrá bodas, si bautizos,
nos veremos con los niños
pero en vez de hacerlo en bares
nos veremos en el parque.
Ellos son, en verdad, lo mejor que hay en mí,
porque fueron y son, lo que soy. Y lo que fui.
Qué fue aquello.Tontxu
Subió descalza junto a él el pequeño montículo de césped desde donde se contemplaba una vista maravillosa de su ciudad. Podría haberse quedado allí una década, observando las tintineantes lucecitas que le daban la bienvenida, pero sólo disponía de esa noche, así que retuvo cada pequeño detalle en su retina.
El viento de mayo movía su pelo. Tiritaban, era una mezcla de frío y nerviosismo. Ella cerraba los ojos despacito para poder comprobar, al abrirlos, que todo era real, que estaba allí, que era él quien sonreía para ella, que eran sus ojos los que la miraban y que eran sus manos las que rozaban las suyas.
Las conversaciones terminaron en silencio, una mirada y un beso tímido que dio paso a otro de pasión sublime. Ella sobre él. Unas manos que sujetaban sus muñecas con fuerza, haciéndole sentir que era suyo, al menos aquella noche. Un corazón acelerado latiendo a la misma intensidad que el de ella. Una luna que mira de reojo escandalizada entre los huecos que dejan las nubes, y se muere de envidia… El ritmo incesante de la ciudad que para ellos dejó de existir durante un instante…
Otro silencio. Una pausa. Unas manos que se entrelazan y se aprientan con fuerza, deseosas por recorrer cada rincón de la geografía del otro. Dos bocas que se funden y la ropa que va cayendo con prisa, sin dejar la ternura a un lado. La distancia deja de existir para sus cuerpos, haciéndoles cómplices hasta lo inimaginable y el sabor salado del sudor, deja paso a las caricias y a las sonrisas.
Dos locos, una locura.
Un carpe diem hecho realidad.
Un amor sin amor, como no ha vuelto a sentir salvo las noches en que él, se cuela en sus sueños de té.
Nos vemos.

We’re not the same, we’re different tonight
tonight, so bright, tonight .
The impossible is possible tonight
Believe in me as I believe in you, tonight
Escuchando: Tonight, tonight. The Smashing Pumpkins
Es una costumbre estúpida, pero entretenida.
A menudo intento buscar interpretaciones a “señales” que yo misma invento: “Si pasa esto, es que X va (o no) a suceder…”
Estaba fumando un cigarro en la ventana y A. volvió a mi mente…
Debe ser por estas fechas cuando nos conocimos, aunque no recuerdo el día exacto, recuerdo que fue por ahora… por ahora debe hacer tres años… cómo pasa el tiempo. Qué pena, tanto compartido y ya no queda nada… Me pregunto qué estará haciendo ahora, ¿será felíz?, ¿algún día yo habré invadido sus pensamientos como él ha hecho hoy conmigo?,¿Volveré a saber algo de él algún día?… Hagámos la prueba… Si pasa un coche blanco, será que volverá a mi”
Al rato, pasó un coche fúnebre.
Es evidente, entre nosotros todo está muerto. Las señales no engañan…
Escuchando: BSO Twin Peaks.
El amor es un sistema autopoiéticamente cerrado
porque ve lo que ve,
no ve lo que no ve,
y no ve que no ve lo que no ve.
- Ostras…, que ya me han dado los resultados de las pruebas.
- ¿Qué tienes? Joder, estás hasta pálida.
- Pues nada, aquí pone bien clarito que tengo un quiste en el ovario izquierdo; ¿no será nada grave verdad?
- Mira que te lo tengo dicho, las cosas se estropean de no usarlas, si se estropean, ¡que sea por el uso coño!
- Hombre, gracias por el consuelo… y gracias por recordármelo… (cabrona)
El tipo que ha intentado colarse de mí en la cola del súper, mientras esperaba para pagar un suavizante, olía a sudor rancio; así que le he dejado pasar y me he ido a otra caja donde, ciertamente había más gente, pero todos menos “aromáticos”.
Soy muy especial para los buenos y los malos olores.
Cada uno me trae recuerdos tan nítidos, como pueden hacerlo las canciones o las fotos.
Aún recuerdo perfectamente el olor de la lejía de los baños del cole, el de la colonia chispitas de mi adolescencia, el de la cocina de mi abuela cuando hacía empanada, aquel asqueroso ambientador con forma de pino de mi primer coche, el del suavizante de las sábanas en casa de mis padres…
Me gusta como huele el café recién hecho, el nag champa, la tierra mojada, la ropa recién planchada, el azahar en Andalucía, la canela en el té, el pan caliente, cualquier jabón comprado en lush, los bebés, el perfume Flower de Kenzo, el jabón de Marsella en mi suelo, el olor a hierba en Asturias, el de la madera en la chimenea de la casa de campo de mis padres; el olor de la camiseta que un día olvidó en mi casa, esa que no puedo apartar de mi nariz, a pesar de que el aroma está casi gastado…

Estaría bien que una mañana de estas, ese olor inundase mis sábanas… que ya estoy harta del mimosín caricias que compré mientras el tipo del sudor rancio intentaba colarse esta tarde en el súper…
Escuchando: Porcelain. BSO La playa.


15 me contaron que... »